
La agenda educativa colombiana fue tendencia durante todo el 2025. Desde los debates sobre gobernanza y democracia universitaria hasta la preocupación por la sostenibilidad presupuestal de las Instituciones de Educación Superior (IES), diversos hitos marcaron el tempo de lo que avanzó —y también de lo que se tensionó— en materia de política pública de educación superior.
Si 2025 tuviera su propio Wrapped de agenda educativa, no sería solo un listado de temas virales, sino un recuento intenso, atravesado por conflictos, disputas y decisiones estructurales que reconfiguraron el sistema y marcaron el camino de lo venidero. Más que enumerar noticias, este Wrapped propone identificar patrones, leer continuidades y abrir la discusión sobre aquello que sonó en repeat, lo que generó mayor controversia y lo que, sencillamente, nadie pudo pasar por alto
- Categoría: “El temazo que salió del cajón”
Después de más de una década sonando en versión demo, la reforma al esquema de financiamiento de la educación superior pública finalmente encontró un lugar central en la agenda educativa. Es por ello que se lleva la categoría del temazo que salió del cajón. El ciclo de movilización estudiantil y profesoral que inauguró la MANE en 2011, con la resistencia al ajuste neoliberal de la Ley 30 de 1992 del gobierno de Juan Manuel Santos, y que retomaron diversos actores educativos en 2018 por la preocupante situación presupuestal de las IES públicas, puso en evidencia el desgaste del marco de regulación y organización de la educación superior en Colombia.
La difícil situación de IES como la Universidad de Antioquia, en la cual se denunciaron problemas de liquidez para iniciar su operación en 2025, y la existencia de propuestas concretas para atender esta problemática, captaron la atención del gobierno nacional y del ecosistema educativo en general. Así, entre ires y venires sobre la integralidad de la propuesta de reforma, el gobierno nacional presentó un proyecto de ley para la modificación de los artículo 86 y 87 de la Ley 30 que contemplaba, entre sus aspectos centrales, el cambio de fórmula para el ajuste presupuestal de las Instituciones de Educación Superior, incorporando un criterio más cercano a los costos reales de las IES, la creación de una base presupuestal para las Instituciones Técnicas Profesionales, Tecnológicas y Universitarias (ITTU’s) públicas y una meta de actualización de la inversión en educación superior pública del 1% del PIB al 2040.Desde 2011,
En 2025, esta discusión dejó de circular como un borrador recurrente y pasó, por fin, a formar parte del álbum oficial del sistema. La reforma salió del archivo histórico de promesas aplazadas y fue aprobada por el Congreso de la República, marcando un punto de inflexión en el debate sobre la sostenibilidad financiera de las instituciones públicas de educación superior. Aunque el alcance de la reforma abre nuevas preguntas sobre su implementación y suficiencia, su aprobación representa un hito largamente esperado en una agenda que llevaba años reclamando cambios estructurales.
- Categoría “En repeat todo el año”
La gobernanza y la democracia universitaria fueron, sin duda, uno de los temas con más horas de escucha en 2025. Rectorías inestables, problemas de gestión administrativa, corrupción, quiebres en la confianza institucional, consejos superiores en disputa y comunidades universitarias movilizadas hicieron de esta categoría una de las más reproducidas del año en el sistema de educación superior.
A lo largo de 2025, estos conflictos se repitieron con distintas tonalidades en múltiples universidades del país, configurando un patrón que trascendió los casos individuales. Entre los principales “artistas” de esta categoría estuvieron la Universidad de Antioquia, la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad Tecnológica de Pereira, la Universidad del Atlántico, la Universidad Tecnológica del Chocó, la Universidad Pedagógica Nacional y la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, donde las discusiones sobre legitimidad, representación y participación ocuparon un lugar central en la agenda institucional.
Este track no solo marcó el ritmo del año, sino que evidenció una tensión estructural: la distancia creciente entre los modelos tradicionales de gobierno universitario y las demandas amplias de participación democrática por parte de las comunidades. Una discusión que, lejos de agotarse, sigue definiendo el tempo de los conflictos de legitimidad en la educación superior colombiana.
- Categoría “La colaboración que se rompió”
2025 fue el año en que el relato del modelo crédito-beca dejó de sonar en armonía y empezó a mostrar fisuras difíciles de ignorar. Los debates alrededor del ICETEX y Colfuturo marcaron un punto de quiebre en una narrativa que durante años presentó estos esquemas como motores de movilidad social. En el Wrapped de la educación superior, este track dejó claro que la promesa de acceso y oportunidad no se distribuye de manera equitativa y que, en la práctica, opera bajo lógicas profundamente desiguales.
Las cifras lo confirman. En Colfuturo, entre 2007 y 2025 apenas el 1 % de los beneficiarios provino del estrato 1 y solo el 5 % del estrato 2, mientras más del 70 % de los apoyos se concentró en los estratos 4, 5 y 6, un resultado que tensiona seriamente el sentido mismo de los créditos estudiantiles como herramienta de equidad. Por su parte, según cifras oficiales del ICETEX, en 2025 las tasas de interés de los créditos educativos alcanzaron rangos de hasta el 24 %, tras la eliminación de subsidios y en medio de un ajuste presupuestal que reconfiguró la política de financiamiento estudiantil.
En este escenario, la reforma al ICETEX sigue pendiente, mientras la oposición abanderó un proyecto de ley que avanza con rapidez en el Congreso y deja más preguntas que respuestas: ¿es viable combinar medidas de alivio con un ajuste simultáneo de la misionalidad de la entidad sin profundizar su lógica financiera?, ¿o es momento de recuperar su esencia como instrumento para fomentar la formación de alto nivel y los estudios en el exterior? En un mercado laboral incierto y precarizado, el endeudamiento educativo deja de ser una promesa de ascenso social y se consolida, para muchos, como una carga difícil —cuando no imposible— de saldar.
- Categoría “Skip imposible”
La crisis presupuestal fue el tema que nadie pudo esquivar en 2025. Aun cuando se registraron avances normativos en materia de política educativa —particularmente con la aprobación de la reforma a los artículos 86 y 87 de la Ley 30 de 1992—, el desfinanciamiento estructural de las instituciones de educación superior dejó de ser una advertencia técnica reiterada en informes y mesas de trabajo, transicionando a un problema políticamente tangible y socialmente visible.
Las señales fueron claras y persistentes. Desde las tensiones que recorrieron los pasillos de la Universidad de Antioquia, donde se desplegaron múltiples estrategias institucionales y movilizaciones para evitar un colapso financiero, hasta los casos de irregularidades en la ejecución de proyectos financiados con regalías que terminaron drenando recursos públicos esenciales, como ocurrió en la Universidad del Cauca. Estos episodios no sólo expusieron fallas en los mecanismos de control y gestión, sino que evidenciaron el desgaste profundo de un sistema que opera permanentemente al límite.
El panorama que deja 2025 es el de instituciones obligadas a administrar la escasez: con restricciones para sostener su funcionamiento cotidiano, cumplir sus funciones misionales y proyectar procesos de mediano y largo plazo. Más que hechos aislados, estos casos configuran un ambiente desgarrador que revela cómo la falta de recursos compromete la estabilidad institucional y pone en riesgo la capacidad del sistema público de educación superior para responder a las demandas académicas, sociales y territoriales que se le exigen.
- Categoría “Lo que debió ser top desde hace años”
Con la expedición del Decreto 391 de 2025, el Gobierno Nacional busca avanzar en la dignificación de la labor docente y administrativa en las instituciones de educación superior públicas, históricamente relegadas a condiciones de precariedad e inestabilidad laboral.
El decreto 391 de 2025 entra al Wrapped del año como “Lo que debió ser top desde hace años”. Representa un avance relevante en el pago de una deuda estructural del sistema de educación superior: no es un descubrimiento repentino, sino el reconocimiento tardío de algo que siempre estuvo reproduciéndose en segundo plano. Su aparición en el resumen anual es resultado de largas playlists colaborativas —los procesos de negociación sindical entre el ejecutivo y las centrales obreras— que lograron posicionar la dignificación del trabajo docente como una pista clave para sostener la calidad académica, la estabilidad institucional y el fortalecimiento de la universidad pública.
Sin embargo, como ocurre con todo Wrapped, el brillo del ranking no garantiza que la canción se mantenga en rotación el próximo año. El verdadero impacto de este “hit” dependerá de si cuenta con presupuesto para seguir sonando, de la voluntad política para no bajarlo del algoritmo y de la capacidad de las instituciones para reproducirlo sin cortes. De lo contrario, existe el riesgo de que quede como muchos otros reconocimientos simbólicos: una mención destacada en el resumen anual, pero sin traducción sostenida en la experiencia cotidiana de quienes hacen posible la universidad pública.
- Categoría “El algoritmo cambió”
Tras los anuncios realizados en 2025 en materia de aseguramiento de la calidad —como la expedición de guías y la actualización del Acuerdo 01 del CNA—, las IES aparecen en el Wrapped del sistema bajo la categoría “El algoritmo cambió”. Sin embargo, este cambio no fue del todo explícito ni lineal. Más que una ruptura total, el modelo actualizado introduce ajustes clave que reconfiguran el modo de entender la calidad en la educación superior.
Entre los principales movimientos se destaca, primero, el reconocimiento diferenciado de unidades académicas, programas académicos e instituciones, ampliando la mirada más allá del enfoque exclusivamente institucional. Segundo, una reconceptualización del sistema de aseguramiento de la calidad que elimina la referencia directa a los resultados de aprendizaje esperados, desplazando el énfasis desde la medición estandarizada hacia lecturas más contextuales e integrales. Y tercero, el fortalecimiento de la autonomía institucional y curricular, mediante la consolidación de los Sistemas Internos de Aseguramiento de la Calidad (SIAC) como eje articulador de los procesos de evaluación y mejora continua.
Así, el sistema deja atrás el Wrapped puramente burocrático —la autoevaluación como trámite— y abre la posibilidad, aún en construcción, de una comprensión más situada, autónoma y estratégica de la calidad universitaria.
- Categoría “Artista emergente”
Para nadie es un secreto que 2025 fue el año de mayor expansión de la inteligencia artificial. Sus usos se extendieron desde la vida cotidiana hasta ámbitos estratégicos como la educación superior, razón por la cual, en este Wrapped, la IA aparece como el artista emergente del año: omnipresente, disruptiva y todavía en proceso de comprensión institucional.
La irrupción acelerada de la inteligencia artificial marcó el pulso de la educación superior en 2025 y obligó al Estado a reaccionar. En este contexto se inscriben la expedición del CONPES 4144 de 2025, como Política Nacional de Inteligencia Artificial, y el avance legislativo de los proyectos de ley 324 de 2025 (Cámara) y 43 de 2025 (Senado), orientados a regular y, al mismo tiempo, promover su desarrollo en el país. En el Wrapped del sistema, este track deja claro que la política llegó después del fenómeno: la IA ya estaba transformando prácticas académicas antes de que existieran marcos pedagógicos claros, procesos de formación docente suficientes o modelos institucionales preparados para integrar de manera crítica y responsable.
Este desfase explica por qué la IA se consolida como un fenómeno emergente: no por su novedad tecnológica, sino por la velocidad con la que desbordó las capacidades de adaptación del sistema educativo. En un país como Colombia, el desafío no radica únicamente en adoptar estas herramientas, sino en construir criterios, capacidades y regulaciones que permitan su uso sin erosionar pilares fundamentales de la educación superior, como el pensamiento crítico, la lectura reflexiva y la capacidad autónoma de resolución de problemas.
Más que resistirse a la IA, el reto de 2025 deja planteada una pregunta de fondo para la agenda educativa: cómo incorporar sin renunciar al proyecto formativo que sustenta la universidad como espacio de producción de conocimiento, deliberación y formación integral.
- Categoría “El canal al que nadie se suscribe”
Durante el primer semestre de 2025, las matrículas en las instituciones de educación superior registraron una disminución significativa. Aunque este comportamiento no es exclusivo de Colombia —se trata de un fenómeno observado a escala global—, su impacto en el sistema nacional plantea alertas que no pueden ser minimizadas. Menos aspirantes, menos matrículas y, con ello, menos certezas para las IES.
Las explicaciones posibles son múltiples y aún en disputa. Se mencionan cambios demográficos, aunque en el caso colombiano esta variable resulta insuficiente, dado que la reducción en la tasa de natalidad todavía no genera un efecto estructural inmediato. Otras hipótesis apuntan a una pérdida de confianza en la universidad como proyecto de vida, así como a la creciente desarticulación entre la formación universitaria y un mercado laboral que no siempre reconoce ni absorbe las capacidades formadas en las aulas.
Más allá de la causa específica, lo verdaderamente preocupante es el silencio institucional y la falta de respuestas estratégicas frente a esta tendencia. La educación superior no puede asumirse únicamente como un tránsito hacia el empleo, sino como un espacio que habilita oportunidades de movilidad social y desarrolla habilidades fundamentales para la vida personal, laboral y ciudadana. El descenso en la matrícula interpela directamente a las universidades a repensar su propuesta formativa, su vínculo con la sociedad y su capacidad de seguir siendo un referente de sentido, pertinencia y futuro para las nuevas generaciones.
- ¿Será 2026 el año de la reforma estructural o el de administrar una crisis con mejor sonido?”
Si 2025 fue el año en que la educación superior apareció en el Wrapped como un álbum denso, de escucha atenta y sin sencillos fáciles, 2026 se anuncia como el momento decisivo para saber si estos tracks fueron tendencia pasajera o cambio de sonido estructural. La reforma al financiamiento dejó de ser demo, pero aún debe probar que puede sostener la reproducción sin saltos; la dignificación docente empezó a sonar más fuerte, aunque sigue dependiendo del presupuesto y de la voluntad política para no quedar en versión acústica; y el cambio de algoritmo en calidad abrió nuevas lecturas, pero todavía está aprendiendo a distinguir sentido institucional de simple ruido técnico.
La pregunta que queda para 2026 es de horizonte: ¿cómo proyectar lo ganado ante el cierre del gobierno de Gustavo Petro y la llegada de una nueva agenda educativa? ¿La deuda histórica seguirá saldándose o quedará reducida a un buen ranking anual? ¿El silencio en las matrículas será leído a tiempo como señal de advertencia o se normalizará como ruido de fondo? Tal vez el verdadero desafío del próximo año sea que la educación superior no solo suene, sino que recupere oyentes, sentido y proyecto, para que el Wrapped 2026 no tenga que explicar por qué tantas canciones clave dejaron de escucharse.
- Sistema Universitario Estatal. sue. (2021). Sostenibilidad y financiación de las universidades públicas de Colombia.
- Centro de Pensamiento de Políticas Públicas en Educación Superior. (2020). Modelo alternativo para la financiación de la Universidad Pública en Colombia.
Autor: Karen Daniela Castillo Vargas
Fecha: 30/12/2025